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El destino de Kenzo se presentaba resplandeciente como un sol y lozano como la cáscara del durazno. Salía en caravana con su comitiva por los pueblos mas desolados, prometiendo convertir los distritos en valles para el cultivo de la vid que serían la envidia del vecino país Sureño. Produciría uno de tal calidad, que los franceses se verían obligados, rompiendo su milenario prestigio de exportar los caldos de Cavernet-Sauvignon, a importarlos desde estos valles que antes habían sido sólo arenales, huérfanos de fertilidad y ahora no eran buenos ni para enterrar muertos. Los fuertes vientos dejaban al descubierto los cuerpos frescos humillándolos ante los ojos de ocasionales curiosos. Kenzo crearía también un calendario de lluvias que no interferirían con el flujo turístico en las cejas de selva para que los gringos siguieran disfrutando de lugares paradisíacos, como El Manu, pues el turismo era una industria aún virgen y sin explotar. Este rubro de la industria sin chimenea era considerado la correa turística de la capital. Allí se incluía las visitas a los burdeles de las niñas prodigios en los placeres misteriosos de la carne. "¡Que carajo, si los holandeses están orgullosos de sus putas, por qué nosotros no de las nuestras, y esta es carne fresca! Sí, señores turistas, aquí empezó el mundo, y aquí también se termina. No hay nada más". Y les daría la buena nueva a los habitantes de los pueblos más lejanos: "¡Tendrán un ingreso económico especial y permanente! Se llamará "¡La Pensión de los Olvidados!" ¡La ley se promulgará en el término de la distancia! De este proyecto se encargaría Martina Llaves por su sensibilidad con los trabajadores de la tercera edad. "¡Los árboles no morirán nunca por falta de abono!", pues se traerán aves guaneras, atadas en racimos, desde las costas del Sur y del Norte hasta las serranías, "¡y las vamos a soltar luego ya entrenadas en cagar el guano desde los aires! ¡Fertilizarán las tierras que darán papas gigantes de diez kilos y medio cada una!" También prometió la construcción de un sistema de trenes de alta velocidad con durmientes hechos de cedro americano. "¡Qué se creerán estos gringos!, mi pueblo necesita llevar sus productos desde la Sierra hasta la Costa. Aquí ustedes comerán cebiche fresco y en el puerto saborearán la pachamanca aún caliente, ¡qué carajo!" En cada caserío
se armaron fiestas anticipadas en las que se seleccionaban a las adolescentes
con las caderas más anchas para que fueran aprendiendo un poco
de política internacional entre las sábanas y el alboroto
de las aves de corral en los gallineros, donde muchas perdieron el tierno
fruto de la inocencia, "El saber, mientras más temprano es
introducido, es mejor, porque es ciencia pura, inyectada directamente,
y sin intermediarios, como vamos hacer con sus cosechas ¡qué
carajo! Esos que se aprovechan de sus esfuerzos, serán castigados
con todo el peso de la ley." A los padres de familia que veían
a sus hijas con el vientre hinchado después de algunos meses, Kenzo
los arengó en un discurso bañado de patriotismo, a que siguieran
colaborando con la patria y les dio a conocer el sacrificio que él
y sus Ministros, Secretarios, y hasta su Guardia Personal, estaban haciendo
al incrementar la población para ver a los caseríos en los
próximos años con más brazos seguros para trabajar
la tierra. "¡Para que después no se diga que no hay
sacrificio patriótico!, y que se apaguen de una buena vez esos
rumores que me joden el hígado de que no hago nada por mi pueblo.
¡Este es mi pueblo ¡carajo! y nadies me los va a quitar!"
Mientras en el tabladillo, y desobedeciendo a su Asesor español
José Luis Panchis, continuaba con sus discursos, interrumpido solamente
por los vítores, los hurras y los aplausos que venían desde
los parlantes gigantes apostados alrededor, grabados en El Castillo del
Murciélago por el Cuerpo de Ingeniería de Sonidos en Radiolas,
y de los pocos asistentes que, con su pedazo de queso en una mano, y su
Racatafa en la otra, habían sido llevados en camiones, para que
tuvieran el honor y el orgullo de escuchar la voz del salvador del país
"¡Qué carajo! si para eso mi madre me trajo al mundo." Estas líneas del libreto habían sido bien aprendidas por Kenzo que lo repetía en sus discursos redactados por su Asesor Español José Luis Panchis. Se había escogido a uno de esta nacionalidad, después de la exposición hecha por el mismo Ratimiro en El Castillo del Murciélago acerca de este trabajo de investigación sicosocial, labor realizada con la participación del mercachifle, lector de horóscopos y adivino del futuro, Héctor Falsal. Allí se demostraba la poderosa influencia de que todo lo que provenía del país de los molinos quijotescos ejercía una fascinación demencial en el público indio y mestizo. Para obtener y dar uso adecuado a esta arma de manipulación, había contado con el apoyo inteligentemente brutal del doctor Segisfredo Lucifer, a quien Ratimiro había conocido en la bacanal llevada a cabo en la Norteña caleta artesanal de Yacila, donde desfloraron a las hijas de los dirigentes sindicalistas de los pescadores con anzuelos para pejesapos. Para la campaña de su re-elección le entró un detalle muy femenino pulverizando de un zarpazo su cordura oriental. Se entregó ciegamente a las cuchillas de un cirujano especialista en hacer caras nuevas. Así quería borrar su fisonomía asiática, redondeándose los ojos y sometiéndose a un tratamiento a la piel para atenuarle el color amarillo. Pero el resultado fue catastrófico, pues le daba a su rostro la impresión de un cuerpo sin alma, y lo que era peor: al hablar, la voz le salía con eco. Quiso obligar entonces al cirujano a otorgarle a su mirada la tibieza de un adolescente. Pero el cirujano, en un arranque producto de su frustración colgó el bisturí, "No me pida ni lo que Dios". Su negativa dejó una familia más en la desventura. La viuda fue internada en la Escuela de Prostitutas Para las Mujeres Mayores de Medio Siglo, en uno de los tantos pueblos olvidados donde aún se cultivaba la satisfacción carnal entre los de un mismo sexo y con las aves de corral, pasando sus hijos menores a formar parte del contingente de limosneros para incrementar las arcas del Erario Nacional, y asegurar la reelección de Kenzo. Las hijas, fueron a parar al nuevo burdel para los Oficiales de Alta Graduación. Pero antes tenía que poner orden en el Municipio donde se estaban dando algunas reformas incómodas, como la creación de Impuestos a los Burdeles. También se ponía multas si no se reunían los requisitos necesarios, como el Certificado de Sanidad, otorgado por el Ministerio de Salud para el Control de las Enfermedades Venéreas y la Licencia correspondiente para el Expendio de Bebidas Alcohólicas. Todo esto por la presión de los habitantes de Huaramoto a través de manifestaciones públicas que ellos llamaron "La Marcha por la Decencia", pues se había propagado una enfermedad nueva entre muchos de los varones; amanecían con llagas en la comisura de la boca que les impedía ingerir no sólo alimentos sólidos, sino también los líquidos, lo que les causaba la muerte por inanición. Esto, a su vez, hacía que los campos se abandonaran y las cosechas se perdieran por falta de brazos. Las protestas crecían también por el sospechoso reemplazo del Alcalde Goyzueta, un poblador de origen español que llegó a ganarse el cariño y respeto del asentamiento humano más importante, "Los Olvidos". Este ciudadano gozaba peligrosa y antidemocráticamente del arraigo popular. Goyzueta fue sustituido por Víctor Chochoque, nombrado intempestivamente como Alcalde Interino. Este individuo tenía un prontuario de violador de niños. Por Decreto Municipal, con respaldo del Gobierno Central, Chochoque empezó a dar un vaso de leche diariamente a todos los niños del pueblo en sus propias viviendas. A estos mismos niños se les vería luego salir de sus precarias moradas sangrando por el ano, sosteniéndose las tripas con ambas manos, en medio de incontenibles torrentes de lágrimas vivas que reventaban sus tiernos ojos. Entonces vinieron protestas más bulliciosas de los padres de familia por el asunto del vaso de leche. Y también porque no había niñas en la ciudad que no fueran mendigas con la lengua partida. El Municipio había llegado a colmar la paciencia de los pobladores cuando vieron dar inicio al Proyecto de Mejora del Pavimento de las Calles para evitar que se levante el pesado polvo que se formaba como nubes plomas al paso apresurado de las carretillas. Con esto querían incrementar la clientela de los burdeles impidiendo que se propagara la infección pulmonar que ya había cobrado algunas víctimas entre la población senil. Para su campaña re-eleccionaria Kenzo decidió entonces llevar como Alcalde de ese Distrito a Víctor Chochoque. De nuevo duplicaron los ofrecimientos, prometiendo insertar al pueblo directamente en la Comunidad de la Banca Internacional y en el Club de París, prestigiosos organismos que otorgarían préstamos con intereses blandos, beneficiando a los mineros que trabajarían con máscaras de oxígeno para laborar doble jornada sin que les afectara el gas grisú; a los ganaderos, que se verían favorecidos con la importación gratuita de una raza vacuna de Itopía que no necesitaba tomar agua: los animales se morían solos cuando llegaban a la edad de beneficiarlos. Los pequeños empresarios podrían extender sus florecientes negocios al otorgárseles licencias municipales para la venta ambulatoria de todo genero de productos, desde calzados hasta "Choncholi". Los agricultores obtendrían préstamos blandos para la adquisición de tractores de Rusia, liberados de impuestos, los cuales serían manejados por soldados del Ejército Rojo hasta la próxima cosecha. A los maestros les triplicaría el sueldo para que sus hijas no terminaran de meretrices y mendigas con la lengua partida por la mitad. Así también prometió una campaña intensiva de vacunación gratuita contra la viruela negra, la rubéola, la tifoidea, y una vacuna que se administraría por las orejas contra los discursos de la oposición, novísimo resultado exitoso de la tecnología química de los laboratorios de la Republica Nacionalista Cachina con el beneficio suplementario de evitar la "Uturia". Esta era la formación de un bolo alimenticio que se iniciaba en el estómago y, siguiendo el camino inverso al natural, a medida que iba siendo expulsado por el esófago hacia la garganta, crecía con tal rapidez que sus víctimas morían por asfixia. Cuando le temblaba el pulso para firmar las ejecuciones físicas selectivas de sus oponentes, se le hizo ver a Kenzo la importancia de la toma y control de los municipios en apoyo de la campaña electoral para su tercer periodo. Se buscó la alianza de una concejal de la oposición, descontenta con su partido político, en el Municipio de la Capital; su nombre: María Celinda Cutulusi, dueña del naranjal más grande del pueblo situado al Norte de la ciudad. María Celinda Cutulusi había sido multada y requerida con orden de comparecencia por el Alcalde Alberto Pascale Carmona por crueldad y maltrato a sus perros de pelea de Mongolia, muchos de los cuales, sin comida ni agua, morían parados debido a su sangre de guerra. Los datos registrados en el libro de ocurrencias de la Comisaría hablaban de una mañana temprana del mes lluvioso de junio, en la que por el hambre, y después de ser destruido el cerco de tablas por los colmillos de los feroces canes, éstos se escaparon en jauría de los suntuosos predios de la dueña para dar feroz término a la vida del niño Alberto Juilca. Estos lo descuartizaron a tirones con sus mandíbulas de hierro en presencia de sus padres, quienes en el afán de salvarle la vida, terciaron dentro de la polvareda, dejando que de sus cuerpos se escapara la vida junto con la del hijo. María Celinda Cutulusi se defendió en la Corte arguyendo que sus animales habían sido provocados por el niño y sus padres, y lo más justo sería hacerlos acreedores a pena de cárcel como ejemplo para que a ningún otro campesino que trabajara en sus tierras se le ocurriera sorprender a la justicia con pillerías propias de la gente de mal vivir. Demandó a los cadáveres el pago de diez mil Nuevos Reales, y que si no pudiesen hacerlo en efectivo, lo hicieran trabajando en el campo cuando se recuperaran de sus muertes. Este argumento no fue aceptado como válido por el Juez de la Corte. María Celinda Cutulusi quedó descontenta del fallo judicial que le ordenó indemnizar a los deudos, sufragando los gastos del funeral con ataúdes hechos de caña brava para un entierro cristiano. María Celinda Cutulusi fue una de las tantas que ayudaron al equipo de Kenzo a planear la estrategia de la campaña electoral. Se les ocurrió primero continuar con la eliminación física de sus oponentes mediante el envenenamiento del agua potable, pero desestimaron esta idea al no encontrar a un ingeniero sanitario de confianza que pudiera identificar las tuberías que conectaban directamente a las casas de las futuras victimas; luego se les vino la brillante idea de soltarles los perros de pelea para obtener un desenlace parecido al del niño Alberto Juilca, pero también se abstuvieron de esta alternativa porque pensaron que la gente sospecharía por tan tremenda coincidencia en tan corto plazo; sería mejor entonces ganar los comicios por mayoría en una Votación Democrática pero sin la intervención de veedores internacionales, porque eso sería aceptar que se trataba de un país con mentalidad colonial, como en una oportunidad había declarado uno de los Ministros de Kenzo. Se trataba del doctor Francisco Miratuvela, experto en Jurisprudencia Internacional, y con diplomas en varios idiomas, que habían sido adquiridos en el Mercado Modelo de la ciudad de Amsterdam, donde se encontraban a la venta del público sin restricción alguna; se aceptaban pedidos especiales con el cincuenta por ciento de adelanto. Este trabajo era realizado por las manos hábiles de un artesano turco, Mohamed Medallus, maestro y conocedor de las técnicas de falsificar diplomas de las Coronas Europeas y cartas de navegación holandesas y del Portugal. Ostentaba la gloriosa fama de que no había parte del mundo donde un navegante portugués no hubiera puesto pie. Se decía que Mohamed Medallus aprendió este difícil oficio de Ali Alfaret en la cárcel siberiana de "Chortitza" donde pasó treinta y cinco años de su vida. Había conseguido su libertad cuando llegó a obtener tal grado de confianza que desde la cárcel falsificó la firma de un descendiente directo de la familia del Zar, saliendo por la puerta grande en una carroza, con el botín desenterrado del piso de su celda, consistente en quinientos lingotes de oro provenientes de las alhajas decomisadas a los judíos rusos antes de ser encarcelados. Por estas habilidades innatas fue contratado por Kenzo para la falsificación de un millón de firmas con la finalidad de asegurar la victoria en el proceso democrático. El doctor Francisco
Miratuvela, al ser nombrado Presidente del Consejo de Ministros y Vice
Presidente, se paseaba orondo junto con su reputación de haber
sido el único capaz de contrariar una orden de Kenzo. Fue en la
compra de misiles aire-tierra efectuada al Gobierno de Berlussia. El doctor
Francisco Miratuvela desvió parte de las comisiones a un Banco
de las Islas Vírgenes pasándose por encima de los Reglamentos
del Estado, pues Kenzo había impartido la orden, gracias al oportuno
Asesoramiento de José Luis Panchis, que los depósitos se
efectuaran en la parte asiática del planeta: "Allá
hay menos ladrones." La obsesión del doctor Francisco Miratuvela
por el dinero era alimentada por la esperanza de obtener misericordia
para su desierto cuero cabelludo, y acabar de una vez por todas con las
burlas que de él hacia Kenzo en público. Había planeado
con muchos años de anticipación regresar a los dominios
de los "Chamanes del Candomblé de Bahía" en Brasil,
donde se le prometió un tratamiento milagroso para el crecimiento
de cabellos nuevos; fue en un viaje relámpago efectuado al asistir
al Congreso Contra la Dictadura y la Consolidación por la Democracia
de los Pueblos Oprimidos Tercermundistas.
RESEÑA / BIOGRAFÍA / CURRICULUM Tabaré Ramos nació en Lima, hizo sus primeros estudios en colegios estatales; se licencio en Psicología en la Universidad Inca Gracilazo de la Vega. Ejerció la docencia en la Facultas de Letras en la Universidad Federico Villareal. Miembro fundador de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos de California. Integrante de la plana de columnistas de Notisur-usa. Colabora en la revista Ollantina del Perú con publicaciones de poemas y minirelatos. En noviembre del 2005 dio conocer "Perseguidor de Quimeras" en la Librería Cody's en Berkeley, California. Presentó en la Biblioteca Nacional de Chile, "Realismo Mágico como Técnica Narrativa", en septiembre del 2005. En la Universidad Inca Gracilazo de la Vega disertó sobre la "Influencia de los Escritores del Boom de los 60 y 70 en la Literatura Latinoamericana". En abril del 2005 presentó 100 Cicatrices en la Librería y Centro Cultural Mi Primer Pueblo, California. En junio del mismo año lo hizo en la Casa Museo José Carlos Mariategui, y en julio en La Casa del Escritor en Santiago de Chile. Fue distinguido por La Casa del Poeta del Perú por sumarse a la difusión y fortalecimiento cultural para una mejor comprensión del mundo, en septiembre del presente año. En el 2005 publicó poesía en la editorial Imágines con 25 Años Rompiendo el Silencio. En el 2003 expuso su libro, El Oriental en Lima En el 2001 dio a conocer, El Anciano. En 1998 presentó, El Bacón de Madrid, 3 Relatos y una Confesión. Su primer libro Ladrón de Sueños vio la luz en 1995. Tercer
lugar en el Certamen Literario del Taller "El Zurdito" noviembre
2005. |