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Yo
era un hombre bueno, si hay alguien bueno en este lugar.
Pagué todas mis deudas, pagué mi oportunidad de amar.
Sin embargo estoy tirado y nadie se acuerda de mi,
paso a través de la gente, como el fantasma de Canterville.
Me han ofendido mucho y nadie dio una explicación,
si pudiera matarlos, lo haría sin ningún temor.
Pero siempre he sido un tonto que creyó en la legalidad,
ahora que estoy afuera, ya sé lo que es la libertad.
Ahora que puedo amarte, voy amarte de verdad.
Mientras me quede aire, calor nunca te va a faltar
y jamás volveré a fijarme, en la cara de los demás,
esa careta idiota que tira y tira para atrás.
He muerto muchas veces, acribillado en la ciudad.
Pero es mejor ser muerto, que número que viene y va.
En mi tumba tengo discos y cosas que no me hacen mal,
después de muerta nena, vos me vendrás a visitar.
El Fantasma de Canterville (1976)
Charly García
El país moría con el corazón en la boca, como decía
la abuela. La opresión y la angustia eran moneda común,
devaluada según una tablita marca "Ministro de turno".
Se creía que todo era con una tablita y debía crecer según
un plan militar, perfectamente planeado por otros. Así casi entraron
en una guerra por no se sabe qué fronteras en el sur y antes pelearon
otra contra un etéreo enemigo en la selva.
Cuando la presión subió, empezaron a pelear en el mar...
No se privaban de nada peleando en todos los frentes, selva, nieve, montañas,
ahora mar y cielos. Lástima que en este ejército de opereta,
los rifles eran de esos con taponcito de corcho, los barcos ni salieron
y el que hundieron ni siquiera estaba en el escenario de operaciones y
ya había sido hundido en Pearl Harbor... Pero los que morían,
los que morían siempre eran los mismos jóvenes: en la selva,
en la ciudad, en el mar, en las islas... Una guerra de juguete hecha por
chicos, pero de verdad. Y la única verdad era la realidad, de los
únicos que se dieron cuenta, que eran justo los que morían.
El 3 de abril, se fue de su casa porque el viejo estaba como la ciudad,
solo veía en cadena como Gómez Fuentes & company le
decían como ganaban y ganaban...Entonces se dio cuenta de que era
el país, el que estaba insoportable. Como no sabía adónde
ir, recaló su humanidad a contramano en el departamentito que tenía
la vieja en "Villa Freud", que usaba de consultorio a veces
y donde al final se fue a vivir. Se exilió decía a quien
quisiera escucharlo, de tanta sinrazón burbujeantemente belicista.
Desde su punto de vista, no quedaba otra que "aislarse de las islas"
y por otro lado tanta locura-país no podía terminar de otra
forma que como terminó, rápidamente. No había hecho
el servicio por ser clase 1957, explicarlo merecería un tratado
aparte, pero sabía que si todo eso continuaba, tarde o temprano
sus amigos iban a empezar a morir. Las posibilidades eran pocas: o se
iba ya mismo del país o tenía que estar preparado a entrar
en esa locura, que parecía inevitable...
Así que se fue a vivir solo y a esperar... mientras trataba de
estudiar y dar los últimos exámenes dentro de la locura
mítica como que todo sigue igual, se siguen tomando exámenes,
pero en ellos se habla de la guerra...
Se va a trabajar y solo se habla de la guerra, la radio transmite solo
bajas enemigas y la televisión transmite cómo se gana en
cadena, igual que en el Mundial. Total siempre se peleaba tan lejos y
ahora de locales, ganaban seguro...
Estaba aislado pero no tanto, tenía un teléfono negro que
no sonaba. Salvo la vieja, nadie quería hablar con un renegado
pacifista, que casi vomitaba cuando le hablaban de algo que empezara con
Malvinas.
Y un día sonó, era obvio pero no lo esperaba o no esperaba
tal vez encontrarla del otro lado.
Era hasta lógico que lo llamara algún amigo y valientemente
cobarde le dijera que lo habían puesto bajo bandera. Esperaba en
realidad que su madre lo llamara para darle alguna mala noticia, de alguno
que no quería escuchar; pero no esperaba su voz, lo tomó
totalmente de sorpresa y dormido preguntó:
-¿Quién es? ¡Dejáme de joder, a esta hora no
estoy para bromas! -Y colgó...
Pero el teléfono volvió a sonar burlón y su voz del
otro lado dijo con el mismo timbre:
-No colgués, soy yo en serio, Tati... Búho, no me colgués-
Y se largó a llorar como sin fuerzas, para adentro, despacito,
como quien ya se lloró todo y no puede más... ¡No
colgués!-repitió.
- ¿Que hacés, sos vos? ¿No estabas en Brasil? ¡Qué
pasó! -dijo asustado, pero ya sabiendo que toda esta situación
no traía nada bueno, porque la que hablaba del otro lado sonaba
muy grave.
-Búho, necesito hablar con vos, no sabés... -su voz se volvió
a enronquecer, como quien va a llorar.
-Venite para acá, sabes donde es... ¿vos dónde estás?
-En Retiro, en la estación, hace un día que estoy sentada
acá, no sabiendo que hacer. No sabés...
-Bueno, loca, estás cerca, vení, comemos algo, te pegás
un baño y hablamos o mejor, descansás y después hablamos...
Tomáte un taxi.- Dijo tranquilizador.
-No puedo, no tengo un peso...-repitió preparando la tormenta.
-¡No seas gila! ¡Tocá el portero y yo lo pago! Parece
que en vez de en Caballito hubieras nacido en la selva.
- ¡No la nombres! -dijo gritando y colgó.
Cuando el portero sonó, él bajó pensando que iba
a tener un infarto en el transcurso de bajar los tres pisos por escalera
(el ascensor nunca andaba). La que vio en la puerta, tiritando de frío
y con un vestido para otro clima, no era ni por mucho la misma que había
recibido en otra puerta con menos ropa, hacía unos años
atrás... Muy flaca, con veinte kilos menos. Lo mas asombroso eran
sus pómulos agudos y su naricita afilada por la flacura, que parecía
un pico de un ave más que su preciosa nariz.
De aquel esplendoroso cuerpo no quedaba nada, estaba pálida y tiritaba
por el frío, solo tapada por un vestido de algodón de un
celeste grisáceo y hecho jirones en el ruedo: estaba toda sucia,
embarrada y no traía equipaje. Pagó el taxi resignado y
la cubrió con la campera; podía sentir sus huesitos a medida
que tocaba su hombro. Empezaron a subir la escalera, pero como vió
que no iba a llegar arriba, la cargo los tres pisos, y cuando llegaron
se había dormido...
Se sentó con ella encima en el sillón donde la mamá
escuchaba a sus pacientes y se tapó como pudo con una frazada.
No se animaba a desvestirla, limpiarla y secarla para que siguiera durmiendo
entonces trató de darle calor con el cuerpo y la frazada. Surtió
efecto porque su expresión cambió y la cara de espanto con
que lo había mirado a través del vidrio, cambio por otra
con colores mas humanos.
Entonces pensó que si de esta no se enfermaba, no se enfermaba
más, así que la secó como pudo y la tapó con
varias frazadas sobre la camita que era la de los pacientes, que si estaba
buscando problemas, ahora los había encontrado...la camita, él
ya los tenía hacia tiempo.
Dormir, dormía, hasta con placidez. Le iba a hacer mejor dormir
que cualquier otra cosa.
Lo raro fue que no se dijeron ni una palabra, como si se hubieran comunicado
por ósmosis o algún medio biológico que no tuviera
que ver con el habla. Mucho tiempo después, aún se extraña
de tanto entendimiento sin sonido, y lo más raro es que esta situación
duró casi un mes...
A la mañana siguiente se levantó para ir a trabajar, se
fue dejándole el desayuno e instrucciones de su día (por
si lo necesitaba) y algo de dinero; no mucho porque apenas tenía
para llegar a mitad de mes, que era cuando se le terminaba la guita y
la vieja le prestaba...
Cuando volvió, pasada la hora del té en Inglaterra, justo
para cambiarse para ir a la facultad, seguía en la misma posición.
El le tomó el pulso para ver si seguía allí o tenía
que llamar a algún medico para que la atendiera. Le dejó
otra nota por si acaso reaccionara, unas llaves de la puerta y algo de
comida verdadera: un bifecito en la heladera y una coca.
-Un verdadero manjar de dioses egipcios...-pensó relamiéndose.
Cuando llegó a media noche, algo le dijo que estaba viva, había
humo en el pasillo y olor a puesto de choripán. Abrió la
puerta y a través del ese smog londinense la vio durmiendo, toda
tapada pero con una toalla en la cabeza. Lavó los platos y fue
a comprar unas empanadas, ella había barrido hasta con las reservas
de fin de mes, una lata de paté, una de arvejas y dos huevos.
-Bife con colchón de arvejas, galletitas con paté y Coca-cola...
por suerte me dejó café preparado... Hambre tiene, resfriada
no está, dormir duerme con cara de felicidad, está limpita,
ya se verá...-dijo resignado pero en voz alta y pensó que
debería averiguar si el terreno que estaba pisando tendría
piso.
Durmió intranquilo, se despertaba para ver si ella respiraba, o
cada vez que protestaba en sueños y gemía, como sollozando.
Al otro día otra vez al trabajo y a enfrentar la rutina con ojeras.
Esta vez le dejó para desayunar el dulce de naranja hecho por su
abuela y galletitas. Cuando volvió para ir a la facu dormía,
ya no había dulce y la radio estaba prendida, sonaba una del flaco
Spinetta, creo que todas las hojas son del viento de Artaud.
El tema de la radio era de lo más extraño, antes de abril
solo sonaba música en inglés, los temas de "Saturday
nigth's fiver" de BeeGees o "We are the champions" de Queen
y conjuntos desde Police a Village People y así hasta el infinito.
Estas invasiones Inglesas le hicieron pensar en un tiempo, como en los
60´, que ya no había o nunca había existido lo que
se conocía como rock nacional. Llegó a pensar que el autodenominado
rock argentino y sus secuaces: Sui, el flaco y sus conjuntos, Pappo, etc.
desaparecieron como tantos otros argentinos en serio, culpados de ser
subversivos, zurdos, satánicos, por pensar, por hablar, por que
no les gustaba tu cara o les gustaba tu novia, porque si...
Entonces como por arte de magia o por costumbre de golpe, lo inglés
paso a ser caca, y gracias a la prohibición absoluta de la música
en extranjero, solo debía sonar en la radio música nacional,
y entonces, como cumpliendo con la mitología militar que decía:
"los desaparecidos no existen, están en realidad en el exterior
o escondidos en alguna parte", los fantasmas de Canterville volvieron
de alguna perdida ultratumba, con nombre como la Cueva.
Folkloristas olvidados cantaban en horario central, Piazzola sonaba en
radio nacional, Gardel volvió a cantar con guitarras de fondo y
hasta Doña Mercedes volvió a salir de la lista negra que
no le hacia justicia. Como había que tranquilizar a los jóvenes,
carne de cañón de esta absurda realidad, la belleza de la
música nacional empezó a despertar en los medios, Miguel
Abuelo, Moris, Porcheto, León y Charly, sonaban a toda hora en
las radios como antes.
-Seguro era el disco de Artaud- pensó entusiasmado- porque ahora
estaba sonando por, el mismo que escuchábamos allá en su
casa de Caballito..
En realidad parecía que el "Tren fantasma", aquel programa
de rock que pasaba a medianoche por radio Belgrano, se hubiera levantado
de su tumba y estuviera sonando en su humilde equipo.
Como si el tiempo no hubiera pasado, como si todos esos casi diez años
de fórmica sinrazón, no hubieran pasado en realidad. Cuando
los dos aún tenían quince y se rateaban para escuchar música....
Sabía positivamente que no estaba bien evadirse, cosa que le ocurría
demasiado en esos tiempos de parapoliciales y grupos ultranacionalistas
que habían cambiado el críptico insulto de: ¡zurdo...!
Por él mas complicado de: ¡Inglés... ! Siempre de
mierda...
Había pasado por lo de la vieja y se había traído
provisiones con ropa de su hermana para la ocasión. En otra época,
no hubiera sido inútil probar: a la hermana, en familia, la llamaban
Finucha o Fini, era más alta y muy flaca aunque de buen cuerpo
y bien proporcionada.
-Aun así, Tati debía tener dos talles más que ella
por todas partes y por algunas más.-pensó midiendo la ropa
en el aire, sopesándola en realidad. Lo que encontró seguro
le iba grande, vista la realidad en que se hallaba la bella durmiente,
así que se había aprovisionado también de cinturones.
De lana, solo encontró un viejo pullover rojo, el que usaba en
las manifestaciones setentistas y lo puso en el atadito por si acaso.
Se fue a la facultad. Por suerte era viernes y tendría dos días
para preparar el examen del lunes.
Hacía una semana que todo había empezado y dos días
que estaba dormida, y si se levantaba no la veía, pero alguien
se comía toda la fórmula. Esta vez le dejó ropa,
guita para comprar alguna cosa cocinable y una nota:
"No voy a cometer otra vez el mismo error, quedáte lo que
quieras, comete todas las formulas que quieras Jennifer pero recuperate.
No te voy a preguntar lo que pasó... No esta vez..."
yo.
PD: Hay reservas pero comprá algo en el super de la vuelta... si
tenés ganas. Estoy en la facu.
Cuando volvió, para mayor sorpresa, estaba durmiendo pero había
cocinado un guiso o algo así, estaba horrible, pero como dice la
abuela: quien se cocina, no se quiere morir...
Había salido, porque vio un vinito blanco por la mitad, se lo tomó
y se fué a dormir. Por primera vez lo pudo hacer de corrido, sin
sueños recurrentes de caídas, de gente que lo viene a buscar
o esas cosas, dormir...
Cuando despertó, ella estaba en esa posición, sentada en
la cama con las rodillas pegadas contra el pecho, hecha un ovillo por
dentro del pulóver que le quedaba enorme y mirando por la ventana
como la lluvia pegaba en el vidrio. La saludó pero no respondió,
le preparó el desayuno y ella se lo tomó. Después
volvió a su posición inicial, como si estuviera aprendiendo
todo de nuevo.
Cuando hacía algo rápido volvía sobre sus pasos,
a sentarse al lado de la ventana. Casi que rebobinaba.
Como no podía hacer otra cosa, se puso a estudiar para el examen
de termodinámica y fenómenos de transporte, tercera vez
que la cursaba y aparte de que era materia difícil; el tipo era
un mal bicho que lo tenía de punto. Sospechaba que él era
un zurdito disfrazado, que había pasado no sabía como todo
lo pasado y sospechaba bien. Casualmente también se llamaba Edgardo,
como el ex de la momia de Cleopatra que se sentaba bajo la ventana y dormía
en su habitación. Había que aprovechar el momento, con lo
de la guerra el sentimiento nacional apuntaba la persecución hacia
los rubios de apellido extranjero.
Él era zurdo pero indiazo, de apellido español y termodinámicamente
Argentino como el Zonda. Viento adiabático si los hay que pasa
por los Andes desde Chile, al enfriarse se seca y baja por la precordillera
cuyana humedeciendo y calentándose de a poco. Baja rápidamente
soplando constante en las semiplanicies, seco y caluroso, cuando se esperan
las lluvias. Viento típico de un país tan contradictorio
como el nuestro.
-¡¡Qué imbéciles!! ¿En qué manos
estaba la educación de los futuros ingenieros de la patria?-pensó.
Durante el fin de semana de encierro, Tati comió, durmió,
prendió la radio y la apagó, siempre volviendo a su posición
en la ventana; lo único que pudo sacarle fue una tenue sonrisa
cuando le preguntó si estaba bien...En realidad durmió,
por sobre todas sus otras necesidades.
Llegó el lunes y el nerviosismo preexamen le hizo hasta olvidar
que estaba ahí, repasando y repasando fórmulas interminables
y teoremas absurdos...
-¿Por qué será que en ingeniería, aprender
algo es memorizar fórmulas y el concepto de un fenómeno
cualquiera, es lo mas inexplicable justamente? ¿Por qué
razón y memoria parecen términos contrapuestos? -Se preguntaba
mientras dejaba un surco en la puerta del aula A, en la Facultad.
Cuando terminó el examen volvió como volando, pues se dio
cuenta de la poca bola que le había pasado a ella en esos días
y que tal vez lo necesitara; la encontró en la misma posición
y esta vez no se había movido, ni había probado bocado y
seguro ni una gota de agua.
Estaba como congelada, fría y sin reacción.
Tenía sus días, con el transcurso del tiempo se fue acostumbrando
a que no hablara o se quedara todo el día en una posición
y que cada dos o tres días se comiera todo lo que había
en la casa. Tanto se acostumbró que hasta le hablaba y
le contaba lo que estaba pasando, como si lo escuchara y le contestara;
en realidad, se hablaba a sí mismo sin esperanza.
Su corazón hablaba sin ella...Como a dos semanas de que todo empezara,
una mañana salió para el trabajo
y como siempre le dejó la nota del desayuno que decía:
Hoy me voy todo el
día, tengo que estudiar antes de las clases, tenés comida
y algo de guita, si te despertás... Si tenés ganas hoy toca
todo el mundo en el estadio de Obras, por las Malvinas, esta lloviendo,
te dejo el equipo de lluvia por si querés ir...Búho
Ya sabía que era inútil, los últimos días
había desmejorado otra vez y hasta le parecía que se estaba
enfermando, porque bajaba de peso y respiraba mal a la noche, es posible
que fuera porque él ya no fumaba en aquella época, y ella
gran fumadora, sin cigarrillos estuviera teniendo una reacción,
quien sabe... Al fin, el pobre pájaro estudiaba ingeniería
y no medicina.
Cuando volvió no estaba. Su pulso se aceleró como si estuviera
corriendo una carrera, quedó seco mirando la habitación
vacía. Había una nota sobre la mesa que decía en
una letra (su letra) temblorosa:
Me siento bien, no creo que me haga mal la mojadura y si me hace mal,
qué importa...Voy al recital, no creo que me busquen ahí...
Yo
PD: te dejé otro guiso, no había para otra cosa, ya sé
que no te gustó el otro, estoy ida pero no soy tonta.
No sabía si preocuparse más ante tan enigmático mensaje
o ponerse a llorar por la vuelta y salir corriendo a buscarla, lo que
sí sabía era flajelarse con todas las palabras conocidas,
por haberle dado la idea. Se quedó dormido esperando, con la radio
puesta en los informativos de la noche que ya cambiaban el tono mundialista
de las noticias, por otro más serio y profundo, que identificaba
a:
-esto es un desastre, yo antes estaba de acuerdo con la guerra pero ahora
estoy en total desacuerdo...
Ahora se daban cuenta...
La brillantez del día le hizo abrir los ojos lentamente, a contra
luz se veía su silueta todavía vestida con la ropa de su
hermana, que para ser justo le quedaba chica por algunos lados. Ya se
había acostumbrado a hablarle sin esperar respuesta, así
que se levantó reprochándole: -¡Loca, lo del recital
no era para tomárselo en serio! todavía estas débil
-aclaró a medio vestir.
-Bueno...vamos a desayunar, como siempre no hay un carajo, pero menos
mal que antes de llegar el buhito compró un pan lactal...¿Te
lo comiste anoche? ¡Nena, te prefiero sanita y haciendo dieta! Bueno,
aun tenemos mate...
Su voz sonó como la primera vez que la había escuchado,
aquella tarde en la explanada, frente al club entero que la deseaba bajo
el sol...
-Todos los días viene un pajarito y se pone donde sale el aire
de la cocina de al lado. Debe tener frío, y de paso se come las
miguitas y vaya a saber qué porquería que hay en el ventilador...¿Cómo
se llama ese pajarito, de qué raza es? -preguntó como mimetizada
con el animalito.
-Es un chingolito, creo...y de última será de una clase,
de raza son los perros. ¿Cómo estás? -preguntó.
-¿Lástima si se muere, no? Viene todos los días,
desde que estoy acá: cómo insiste ¿no? Se ve que
no se quiere morir.. -Se largó a llorar como sin ganas y después
desconsoladamente.
Se acercó y la abrazó. Todavía daba impresión
apretarla mucho, aunque había recuperado unos kilos.
Se quedaron ahí varias horas mirando como esa mañana fría,
de un sol que lastimaba, se iba transformando en una tarde de cielo plomizo,
típico del invierno y del país. La guerra tocaba un final
en tiempo de blues y todos iban a tardar muchos compases en entender,
cuan triste era...
El sueño de la Federación galáctica y los guerreros
Jedi, que ganaban batallas contra el imperio, se consumía como
un fósforo de utilería. Se apagaba rápidamente defendiendo
la bandera, el honor y la soberanía; palabras tan solas y que les
quedaban tan grandes, como el viejo pulóver rojo a Tati.
Otro sueño mas de este país confuso, se ponía ahora
gris como el día que se iba. La pesadilla de los iluminados de
siempre empezaba a terminar, por fin....
RESEÑA
/ BIOGRAFÍA / CURRICULUM
Pertenece
al taller de escritura, durante los cinco últimos años,
de la Biblioteca "Florentino Ameghino" de la ciudad de Luján,
el cual es dirigido por la Licenciada Laura Vaccaro.
Colabora mensualmente en la revista barrial "Floresta y su mundo"
y el Bisemanario " El Civismo" y "El Ciudadano" de
la ciudad de Luján; esporádicamente con el diario "La
Ribera" de San Isidro, todos de Argentina. Ha ganado premios nacionales
e internacionales tales como:
- 1º
Premio Santa Clara del Mar(2000). Santa Clara del Mar, Buenos Aires.
- 4º
Lugar "Voces del Chamame" (2000) Oviedo - España
- 3º
Premio Concurso treinta años Universidad de Lujan - (2002) Lujan,
Buenos Aires.
- 2º
Premio 11avo. Concurso Rio de la Plata (2005) Ciudad de Buenos Aires.
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